Posted On May 16, 2026

Brechas digitales en México: un análisis del acceso a internet

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Tabla de contenidos


Crecimiento del acceso a internet en México

En la última década, México aceleró su incorporación a la vida digital. Entre 2015 y 2024, la población de seis años y más que utiliza internet aumentó 25.7%, hasta alcanzar 100.2 millones de usuarios, de acuerdo con cifras difundidas por el INEGI en el marco del Día Mundial de Internet (17 de mayo). El salto no solo se refleja en hábitos cotidianos —comunicación, entretenimiento, trámites—, sino también en la forma en que operan miles de negocios.

El avance también se observa en los hogares. La ENDUTIH 2024 (INEGI) reporta que 73.6% de los hogares cuenta con internet, por encima del 71.7% registrado en 2023. Es un crecimiento moderado año contra año, pero consistente con una tendencia de expansión sostenida, impulsada por mayor disponibilidad de redes y por la adopción masiva de dispositivos conectados.

Crecimiento del acceso a internet

Indicador (INEGI/ENDUTIH) Año Dato
Población (6+ años) usuaria de internet 2015–2024 +25.7% (hasta 100.2 millones en 2024)
Hogares con internet 2023 71.7%
Hogares con internet 2024 73.6%
Vigencia: cifras difundidas por INEGI/ENDUTIH con corte 2024, en el contexto del Día Mundial de Internet (17 de mayo).

Sin embargo, el crecimiento no significa cobertura plena ni uso homogéneo. La conectividad se expande, pero lo hace con ritmos distintos según región, ingreso y capacidades digitales. En otras palabras: México suma usuarios, pero mantiene brechas que determinan quién puede aprovechar internet para estudiar, trabajar, vender o acceder a servicios, y quién se queda al margen aun cuando la red esté relativamente cerca.

Perfil demográfico de los usuarios de internet

La estructura de edad de los usuarios ayuda a entender por qué la digitalización avanza con fuerza, pero también por qué ciertas barreras persisten. El grupo más numeroso de usuarios en México es el de 25 a 34 años: representa 17.7% del total. En conjunto, los segmentos de 18 a 44 años concentran casi la mitad de la población usuaria, lo que confirma el peso de generaciones jóvenes y adultas en la adopción tecnológica.

Este patrón tiene implicaciones prácticas. En el mercado laboral, por ejemplo, buena parte de la fuerza productiva en edades de mayor actividad ya opera con herramientas digitales: mensajería, plataformas, banca, compras, capacitación. Para las empresas —en especial PYMES— esto eleva el estándar: clientes y proveedores esperan respuestas rápidas, canales digitales y procesos más ágiles.

Aun así, la brecha no es solo de acceso, sino de habilidades. La evidencia sobre “brecha de uso” apunta a que grupos como mujeres, personas mayores y población rural enfrentan mayores obstáculos de alfabetización digital. En 2023, el uso de internet fue similar entre mujeres (73.1%) y hombres (74.1%), pero la igualdad en el porcentaje no elimina desigualdades de fondo: hay hogares encabezados por mujeres que reportan falta de internet por limitaciones económicas, y también se documenta que una proporción relevante de mujeres que no usan internet lo atribuye a falta de habilidades digitales.

Brechas de adopción y habilidades

  • Edad y adopción: que el grupo de 25–34 años sea el más numeroso (17.7%) suele traducirse en más demanda de servicios “digital-first” (mensajería, pagos, compras), pero también deja a otros grupos con menos acompañamiento si no se diseñan rutas de aprendizaje.
  • Género: porcentaje similar ≠ mismas condiciones: que mujeres (73.1%) y hombres (74.1%) tengan tasas parecidas de uso no significa que enfrenten los mismos obstáculos; el costo del servicio, el acceso a dispositivos y el tiempo disponible para aprender pueden variar por hogar.
  • Brecha de uso: cuando el reto principal es “saber usarlo”, el problema se mueve del mapa de cobertura al terreno de habilidades prácticas (configurar, buscar, llenar formularios, proteger cuentas), que es donde se gana o se pierde el aprovechamiento.

En términos demográficos, el mensaje es claro: la conectividad crece donde hay edad, contexto y capacidades para adoptarla; y se estanca donde pesan más las barreras educativas, económicas o culturales. Por eso, medir usuarios no basta: hay que mirar quiénes se conectan, cómo lo hacen y para qué.

Dispositivos de acceso a internet

El internet en México es, sobre todo, móvil. El celular inteligente se consolidó como el principal dispositivo de acceso: 97.2% de los usuarios lo utiliza para conectarse. Esta cifra explica por qué tantos servicios —desde atención al cliente hasta educación informal— migraron a formatos pensados para pantalla pequeña, apps y mensajería.

En segundo lugar aparece la televisión con conexión a internet (43.6%). Su presencia sugiere que el consumo de contenidos en casa se está desplazando hacia plataformas conectadas, aunque el gasto en TIC de los hogares prioriza servicios de comunicación por encima del entretenimiento: se ha estimado que el streaming representa una fracción menor del presupuesto TIC, frente a recargas móviles y paquetes.

La computadora portátil, por su parte, es usada por 24.6% de los usuarios. El dato es relevante porque muchas actividades de productividad —gestión administrativa, hojas de cálculo, facturación, sistemas empresariales— siguen siendo más eficientes en computadora que en teléfono. Cuando el acceso se concentra en smartphone, existe el riesgo de una “conectividad limitada”: se puede chatear y navegar, pero cuesta más estudiar en plataformas complejas, llenar formularios extensos o administrar un negocio con herramientas profesionales.

Ventajas y límites por dispositivo

Dispositivo (uso reportado) Lo que suele facilitar mejor Limitaciones típicas Riesgo si es el único acceso
Smartphone (97.2%) Mensajería, redes, banca básica, mapas, atención rápida a clientes Pantalla pequeña, tecleo lento, multitarea limitada “Conectividad limitada” para trámites largos, cursos complejos o administración (inventario, facturación)
TV conectada (43.6%) Consumo de contenidos, aprendizaje audiovisual en casa Interacción limitada, difícil crear/gestionar documentos Mucho consumo y poca producción: se aprende, pero cuesta “hacer” (formularios, trabajo)
Laptop (24.6%) Productividad: documentos, hojas de cálculo, facturación, plataformas de trabajo/estudio Mayor costo, requiere espacio/energía, mantenimiento Sin laptop, sube el costo de profesionalizar procesos (estudio formal, gestión del negocio)

En la práctica, el tipo de dispositivo condiciona el tipo de aprovechamiento. Un país que se conecta principalmente por celular puede crecer rápido en usuarios, pero no necesariamente en capacidades digitales avanzadas. Para cerrar brechas, no solo importa “tener internet”, sino contar con el equipo y las habilidades para usarlo en educación, trabajo y productividad.

Desigualdades en el uso de internet

El contraste más visible aparece cuando se observa el uso de internet en el tejido productivo. En 2023, México registró 5.5 millones de unidades económicas; de ellas, 1.5 millones (26.5%) usaron internet para sus actividades. Es decir: mientras el internet se volvió cotidiano para la mayoría de las personas conectadas, en el mundo empresarial su adopción sigue siendo parcial, especialmente en los negocios más pequeños.

La desigualdad también es territorial. Hay municipios y demarcaciones donde el uso empresarial de internet es mucho más alto: San Pedro Garza García, Nuevo León, reportó 69.5% de empresas usando internet; la alcaldía Benito Juárez en Ciudad de México, 56.9%; y Hermosillo, Sonora, 56.7%. Estos puntos suelen concentrar actividad económica formal, mayor infraestructura y ecosistemas empresariales con más digitalización.

En paralelo, persisten brechas por ingreso y región en los hogares. Para 2024, estados del norte y centro como Sonora (84.4%), Nuevo León (83.7%) y Coahuila (83.1%) superaron el promedio nacional, mientras que Chiapas (50.7%), Oaxaca (55.5%) y Guerrero (58.9%) quedaron rezagados. La brecha urbano-rural también sigue presente: en 2024, 86.9% de la población urbana usó internet frente a 68.5% en zonas rurales, aunque la diferencia se redujo respecto a 2019.

Brechas de acceso a internet

Brecha en hogares (2024) Ejemplos de entidades Porcentaje
Acceso alto (norte/centro) Sonora 84.4%
Acceso alto (norte/centro) Nuevo León 83.7%
Acceso alto (norte/centro) Coahuila 83.1%
Acceso bajo (sur) Chiapas 50.7%
Acceso bajo (sur) Oaxaca 55.5%
Acceso bajo (sur) Guerrero 58.9%
Brecha urbano–rural (uso, 2024) Porcentaje
—— ——:
Población urbana que usó internet 86.9%
Población rural que usó internet 68.5%
Brecha empresarial (2023) Porcentaje
—— ——:
Unidades económicas que usaron internet (total) 26.5%
Empresas grandes que usan internet 93.1%
Microempresas que usan internet 23.6%

Estas desigualdades no son solo un tema de cobertura: determinan qué tan fácil es para una microempresa vender en línea, para una familia acceder a educación digital o para una comunidad realizar trámites. En el fondo, la brecha digital se vuelve una brecha de oportunidades.

Brecha entre grandes empresas y microempresas

La diferencia por tamaño de empresa es contundente. Mientras 93.1% de las empresas grandes utiliza internet, solo 23.6% de las microempresas lo hace. En un país donde la microempresa es parte central del empleo y del comercio local, este dato explica por qué la digitalización avanza a dos velocidades.

Para una empresa grande, internet suele ser infraestructura básica: comunicación interna, sistemas, ventas, logística, relación con clientes. Para una micro, en cambio, puede percibirse como un costo adicional o como una herramienta “no indispensable”, especialmente si el negocio opera con clientela de barrio, procesos manuales o baja formalización.

La brecha también tiene un componente de capacidades: no basta con contratar un servicio; hay que saber usarlo para cobrar, facturar, promocionar, atender y organizar. Cuando el internet se limita al teléfono personal del dueño o a una conexión intermitente, el negocio queda fuera de herramientas que hoy son estándar: catálogos digitales, mensajería de atención, videollamadas, capacitación o banca en línea.

En términos de competitividad, la consecuencia es directa: las grandes empresas capturan más rápido los beneficios de la economía digital, mientras muchas micro se quedan en una operación menos eficiente y con menor alcance.

Uso de internet en unidades económicas formales e informales

El contraste entre formalidad e informalidad también marca el ritmo de adopción. Entre 2018 y 2023, el uso de internet en unidades económicas formales pasó de 44.6% a 54.3%. En las informales, creció de 6.3% a 10.9%. Hay avance en ambos casos, pero la distancia sigue siendo amplia.

La lectura es doble. Por un lado, la formalidad suele venir acompañada de necesidades que empujan la conectividad: facturación, relación con proveedores, trámites, banca, cumplimiento. Por otro, el crecimiento —aunque lento— en la informalidad sugiere que incluso negocios fuera del marco formal están encontrando valor en conectarse, probablemente para comunicarse con clientes, coordinar entregas o promocionarse.

Aun así, el punto de partida es tan bajo que la brecha de uso se mantiene. Si el internet no se integra a la operación diaria, el negocio tiene menos herramientas para crecer, profesionalizarse o resistir cambios del mercado. En ese sentido, la conectividad se vuelve un habilitador: no garantiza éxito, pero su ausencia sí limita el techo de crecimiento.

Razones de la falta de acceso a internet

El dato más duro detrás del crecimiento es que todavía hay alrededor de 20 millones de personas que no utilizan internet. Y las razones muestran que el problema no se resuelve solo con infraestructura.

Más de la mitad (56.1%) señaló que no sabe cómo usarlo. Es una señal clara de que la alfabetización digital es, hoy, una de las barreras principales. Incluso si la red está disponible, si una persona no tiene habilidades básicas —encender, configurar, navegar, protegerse—, la conectividad no se traduce en uso real.

En segundo lugar aparece la falta de interés (16.5%). Este motivo suele estar ligado a percepción de utilidad: si alguien no ve beneficios concretos —comunicación con familia, trámites, salud, educación, trabajo—, es menos probable que adopte la tecnología. Aquí influyen edad, entorno y experiencias previas.

La tercera razón es económica (10.8%). Aunque no es la principal en esta medición, sigue siendo relevante, sobre todo cuando se considera el “esfuerzo” que implica pagar conectividad en hogares de bajos ingresos. Se ha estimado que el gasto TIC como proporción del ingreso es mayor en los deciles más bajos que en los más altos, lo que significa que conectarse puede representar un sacrificio mayor para quien menos tiene.

Tres palancas de adopción digital
Tres palancas para convertir “no uso” en adopción (según las razones reportadas):
1) Habilidades (56.1%)

  • Acción típica: capacitación práctica y acompañamiento (primeros pasos, seguridad básica, trámites comunes).
  • Señal de avance: la persona logra tareas concretas (crear cuenta, recuperar contraseña, enviar documentos, hacer un pago).

2) Interés / utilidad percibida (16.5%)

  • Acción típica: demostrar beneficios cercanos (comunicación con familia, citas/servicios, aprendizaje, ventas locales).
  • Señal de avance: pasa de “no lo necesito” a usar 1–2 servicios con frecuencia semanal.

3) Costo (10.8%)

  • Acción típica: opciones de conectividad más asequibles y acceso a dispositivos adecuados.
  • Señal de avance: el gasto se vuelve predecible y sostenible sin recortar necesidades básicas.

Estas razones apuntan a una agenda concreta: enseñar, acompañar y demostrar utilidad, además de mejorar asequibilidad. Si la política pública y las iniciativas privadas se enfocan solo en cobertura, una parte importante de la población seguirá fuera por falta de habilidades o por barreras económicas.

Impacto del acceso a internet en la economía

La conectividad ya no es un “extra”: es una condición que influye en productividad, competitividad y acceso a mercados. En el plano empresarial, que solo 26.5% de las unidades económicas use internet en 2023 sugiere un potencial enorme aún sin capturar. Cada negocio que se conecta y aprende a usar herramientas digitales puede mejorar procesos: comunicación con clientes, coordinación con proveedores, gestión interna y presencia comercial.

La brecha por tamaño de empresa refuerza esta idea. Si 93.1% de las grandes empresas ya usa internet, buena parte de la eficiencia y la innovación se concentra ahí. En cambio, cuando solo 23.6% de las microempresas se conecta, el país arrastra una parte amplia de su economía cotidiana con menor digitalización. Esto no solo afecta ventas: también limita acceso a capacitación, información de precios, canales de pago y servicios financieros digitales.

En los hogares, el impacto económico se expresa en oportunidades: educación, empleabilidad, trámites y acceso a servicios. La brecha urbano-rural (86.9% vs 68.5% de uso en 2024) es especialmente relevante porque condiciona el acceso a oportunidades en territorios donde ya existen desventajas estructurales.

Internet y crecimiento económico
Cómo se traduce “tener internet” en impacto económico (mecanismos observables):
1) Productividad (tiempo y coordinación)

  • Qué cambia: menos traslados/llamadas, más coordinación por mensajería y herramientas en línea.
  • Checkpoint: el negocio reduce tiempos de respuesta y re-trabajos (confirmaciones, pedidos, citas).

2) Ventas y alcance (nuevos canales)

  • Qué cambia: catálogo digital, atención por chat, presencia en mapas/redes.
  • Checkpoint: llegan clientes fuera del “radio de paso” y se incrementan consultas por canales digitales.

3) Pagos y cobros (flujo de efectivo)

  • Qué cambia: transferencias, links de pago, banca móvil.
  • Checkpoint: disminuye el manejo de efectivo y se acelera el cobro (menos “vuelvo luego”).

4) Capacitación y empleabilidad (habilidades)

  • Qué cambia: acceso a cursos, tutoriales, vacantes y trámites laborales.
  • Checkpoint: la persona completa un curso corto o realiza un trámite sin intermediarios.

Visto en conjunto, el acceso a internet funciona como infraestructura habilitadora: no sustituye políticas de empleo o educación, pero amplifica su alcance. Por eso, cerrar brechas digitales no es solo un objetivo tecnológico; es una estrategia de desarrollo económico y social.

Desafíos persistentes en la conectividad digital

El avance de los últimos años convive con retos que no se resuelven de forma automática. El primero es la alfabetización digital: si 56.1% de quienes no usan internet dice no saber cómo, el desafío es masivo y requiere estrategias sostenidas, no campañas aisladas. Además, la “brecha de uso” implica que no basta con conectarse: hay que saber aprovechar internet con seguridad y propósito.

El segundo reto es la desigualdad territorial. Los datos por estado muestran un norte y centro con niveles altos de acceso en hogares —Sonora, Nuevo León, Coahuila— y un sur con rezagos importantes —Chiapas, Oaxaca, Guerrero—. Aunque Chiapas registró un crecimiento anual destacado, la distancia sigue siendo grande. La infraestructura importa, pero también la asequibilidad y la pertinencia de los servicios para cada comunidad.

El tercer desafío es la brecha urbano-rural. La reducción de la diferencia desde 2019 es una buena noticia, pero en 2024 aún hay una distancia de 18 puntos porcentuales entre uso urbano y rural. Esto suele reflejar una combinación de cobertura, calidad de servicio, costos y capacidades digitales.

Finalmente, está el reto productivo: digitalizar a las microempresas y a la economía informal. El crecimiento de 6.3% a 10.9% en unidades informales entre 2018 y 2023 muestra movimiento, pero lento. Si la economía digital se acelera y una parte grande del comercio local no se integra, la brecha se traduce en menor competitividad y menor resiliencia ante cambios.

Prioridades para cerrar brechas digitales
Prioridades prácticas para reducir brechas (de mayor a menor urgencia operativa):

  • Alfabetización digital básica: programas continuos (no “una sola sesión”) con tareas reales: crear correo, recuperar contraseña, hacer un trámite, identificar fraudes.
  • Conectividad útil en territorio: no solo cobertura; también calidad mínima para videollamadas, clases y trámites (latencia/estabilidad).
  • Enfoque urbano–rural: puntos de acceso comunitarios y acompañamiento local donde el soporte técnico no está “a la vuelta”.
  • Microempresas primero: paquetes simples (conectividad + capacitación + herramientas) para ventas, cobro y administración básica.
  • Medición por aprovechamiento: además de “quién se conecta”, medir “qué puede hacer” (trámites, pagos, aprendizaje, ventas).

La brecha digital no es solo “tener señal”: es poder usar internet para aprender, trabajar, vender y acceder a servicios.

Reflexiones finales sobre las brechas digitales en México

La importancia de la conectividad para el desarrollo

Los datos recientes confirman un país más conectado: más usuarios, más hogares con internet y un smartphone como puerta de entrada casi universal. Pero también confirman que la conectividad, por sí sola, no garantiza inclusión. La diferencia real está en el aprovechamiento: quién puede convertir internet en educación, empleo, productividad y mejores servicios.

Desafíos y oportunidades en la reducción de brechas

La oportunidad es clara: si México ya tiene una base amplia de usuarios, el siguiente paso es elevar capacidades y cerrar desigualdades territoriales y económicas. La principal barrera declarada —no saber usar internet— sugiere que la alfabetización digital puede generar impactos rápidos si se implementa con enfoque práctico y comunitario.

El papel de las políticas públicas en la inclusión digital

Las brechas observadas por región, ingreso, tamaño de empresa y formalidad apuntan a la necesidad de políticas focalizadas: infraestructura donde falta, asequibilidad donde el costo pesa más y formación donde el desconocimiento excluye. Organismos internacionales han insistido en enfoques inclusivos con atención a mujeres, jóvenes, comunidades indígenas y otros grupos vulnerables, además de marcos que protejan derechos y reduzcan riesgos como la violencia digital.

Cerrando la brecha en México: Un llamado a la acción

La Importancia de la Conectividad para Todos

Conectarse ya es parte de la vida diaria para millones, pero el país no puede darse por satisfecho mientras existan 20 millones de personas fuera y mientras la microempresa —columna del comercio local— siga con niveles bajos de adopción. La conectividad es un habilitador de oportunidades: cuando falta, la desventaja se acumula.

Estrategias para Reducir la Brecha Digital

Las cifras sugieren tres frentes inmediatos: alfabetización digital (porque el desconocimiento es la principal barrera), asequibilidad (porque el esfuerzo económico es desigual) y reducción de brechas territoriales (para que el acceso y el uso no dependan del lugar donde se vive o se opera un negocio).

Metas Medibles de Conectividad
Una forma útil de aterrizar el llamado a la acción es pensar en metas “medibles” para el día a día:

  • Personas: pasar de “no sé usarlo” a completar 3 tareas clave sin ayuda (comunicación, trámite, pago).
  • Hogares: que la conexión sea estable para estudiar/trabajar, no solo para navegar.
  • Microempresas: que internet deje de ser solo WhatsApp y se convierta en ventas/cobro/administración (catálogo, pagos, registro básico).

Este análisis nos recuerda que no basta con “tener señal”: hacen falta habilidades, equipos y condiciones para que la conectividad se traduzca en estudio, trabajo y productividad.

Este análisis nos recuerda que no basta con “tener señal”: hacen falta habilidades, equipos y condiciones para que la conectividad se traduzca en estudio, trabajo y productividad. Desde Neurotech Telecom, con años acompañando a PYMES del norte y la Comarca Lagunera, leemos estos datos como una guía práctica para impulsar una inclusión digital más útil y medible en el día a día.

Las cifras citadas se basan en información pública disponible con corte 2023–2024 (INEGI/ENDUTIH) y podrían ajustarse conforme se publiquen actualizaciones. Algunos datos de gasto en TIC provienen de estimaciones en fuentes secundarias y deben interpretarse como aproximaciones. La conectividad y su aprovechamiento varían significativamente según la región, el tipo de hogar y el tamaño del negocio.

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